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(IVÁN): CREAN EN LA LUZ, PARA QUE SEAN HIJOS DE LUZ

Von: Valarezo (valarezo1212@aol.com) [Profil]
Datum: 15.11.2008 16:52
Message-ID: <42b363e3-d11f-4701-bdc0-366b6322c772@v22g2000pro.googlegroups.com>
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Sábado, 15 de noviembre, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo,
Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica

(Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo)


CREAN EN LA LUZ, PARA QUE SEAN HIJOS DE LUZ:

Mientras tengan la luz, crean en la luz, para que sean hijos de luz,
es decir, hijos e hijas de nuestro Padre celestial y de su Espíritu
Santo que están en los cielos, gracias a la sangre bendita del Cordero
Escogido de Dios, nuestro Salvador eterno del paraíso, ¡el Hijo de
David! Estas cosas les hablaba claramente nuestro Señor Jesucristo a
los antiguos, para que entendiesen que Él es la luz del cielo y de la
tierra para sus ojos, y al apartarse, en verdad, se escondía de ellos
cada vez que lo hacía, para que se den cuenta de que sin Él en sus
derredores “son ciegos para siempre”.

En otras palabras, sólo el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo es la
luz de nuestros corazones que alumbra nuestras almas cada día de
nuestras vidas en la tierra y así también en el paraíso y en La Nueva
Jerusalén Santa y Perfecta del cielo; por tanto, la vida humana o
angelical, por ejemplo, sin Jesucristo está en tinieblas en la
eternidad. Es por eso que nuestro Padre celestial nos puso en la
tierra y no nos dejo vivir en el paraíso, porque en el más allá somos
ciegos sin Jesucristo, totalmente deslumbrados, no vemos a Dios, así
como lo somos en toda la tierra, hoy en día, al no creer en nuestros
corazones en el nombre salvador del Señor Jesucristo, por ejemplo.

Pero los ángeles del cielo, en sus millares, en sus diferentes rangos
de gloria y de poder, no son ciegos, porque el Señor Jesucristo, como
el fruto del Árbol de la vida, es su luz día y noche y por siempre en
la eternidad venidera. Es decir, también de que los que nacen del
espíritu humano de Adán, entonces han comido con él también
del fru
to
prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal, para vivir en
ceguera espiritual de tinieblas sin fin en la eternidad celestial;
esto es muerte para cualquiera, hoy en día, en todos los lugares de la
tierra.

Pero los que creen en nuestro Padre celestial por medio de su fruto de
vida eterna, nuestro Señor Jesucristo, entonces han vuelto a nacer del
Espíritu Santo de Dios, para vivir sólo en la luz así como los
ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás seres muy santos
del reino viven en la luz; y ninguno de ellos tropieza en tinieblas
jamás. Los ángeles todo lo ven y todo lo saben, porque no solamente
son sabios y poderosos en glorias sobrenaturales, sino porque el Árbol
de la vida eterna, nuestro Señor Jesucristo, es su luz en cada uno de
ellos desde el día que comieron y bebieron del fruto del Hijo de Dios,
¡el Hijo de David!

Es más, los ángeles, serafines, querubines, arcángeles y demás
sere
s
santos del cielo conocen perfectamente al Hijo de David, como el Hijo
de Dios, como el Cordero Escogido desde la fundación del mundo para
derramar su sangre santa sobre lo alto del monte santo en las afueras
de Jerusalén y levantarla victoriosa para bien de muchos en el tercer
día. Y las multitudes de Israel cuando veían al Hijo de David
hablarles, no lo veían como a un extraño, sino como uno de los suyos
pero con un hablar totalmente diferente, el cual jamás habían oído a
ningún hombre hablarles así con poder y autoridad celestial en la
palabra santa de nuestro Padre celestial; todos veían luz en
Jesucristo, al oírle.

Porque la verdad es que se sentía una gran diferencia en el corazón y
en el espíritu humano, cuando el Señor Jesucristo se acercaba a ellos
para enseñarles de su palabra y de su nombre santo y sumamente
importante para sus almas, por que sus ojos y el entendimiento de sus
corazones y de sus mentes era “luz total por vez primera”. Algo
totalmente extraordinario como del mismo cielo, nunca vivido por
ninguno de ellos, porque no conocían aún al Padre celestial por medio
de la presencia gloriosa, de la luz del Gran Rey Mesías de todos los
tiempos, ¡el Hijo de David! Por ejemplo, ésta luz es como la misma luz
que Moisés vio sobre lo alto del Sinaí, para empezar la liberación de
Israel de las tierras de Egipto; pero esta vez la luz estaba entre los
hebreos para librarlos del poder del pecado y de la muerte eternal
también y juntos con todas las naciones del mundo entero.

Todos caminaban en tinieblas, en aquellos días, buscando ser liberados
del imperio romano, pero no veían la luz de Dios en el Hijo de David,
para ser no sólo perdonados de sus pecados, sino liberados de muchos
males más también, en sólo un momento de fe y oración en su
nombre
eternal, purificador y redentor de pecados. Es decir, de ser liberados
al instante con grandes señales, como de enfermedades terribles y, a
la vez, del yugo romano también, por ejemplo, pero Satanás los tenía
ciegos, como «bien llenos del fruto prohibido» del árbol de la cienci
a
del bien y del mal, para que no vean nunca a Dios ni a su Hijo amado,
¡nuestro Señor Jesucristo!

Ahora, cuando se alejaba de los hebreos, entonces se sentían como
vacíos, como si les faltara algo muy grande y profundo en sus
corazones y en sus almas infinitas, como la luz antigua del cielo, y
esto era nuestro Señor Jesucristo; pues así nuestro Padre celestial
crea al hombre inicialmente, para que viva en luz, con su Hijo
Jesucristo, siempre. Y nuestro Padre celestial buscaba a diestra y a
siniestra con su Espíritu Santo en los corazones de las gentes,
gentiles y hebreos, para que entiendan que el Hijo de David es su Hijo
amado, el prometido a Abraham, a Isaac y a Jacob para que con su vida
y su sangre santa los redima de sus males eternos.

Y, por ello, muchos veían a Jesucristo como el Hijo de Dios, el Gran
Rey Mesías de sus almas infinitas en Israel y para entrar desde ya,
limpios y libres de todo mal del pecado, a la tierra santa de La Nueva
Jerusalén colosal del nuevo reino angelical, por ejemplo; y todos
seguían a Jesucristo paso a paso cada día. En otras palabras, las
gentes se daban cuenta al instante, hebreos y gentiles igualmente, de
que el Señor Jesucristo es parte integral de sus almas vivientes, para
seguir viviendo sus vidas infinitas no sólo en la tierra sino para la
eternidad también; si, se daban cuenta todos de que Jesucristo no era
nada extraño para ellos, sino su propia luz celestial.

Y la única manera, en la cual ellos podían sentir la diferencia de
tenerlo a él o no, era, en si, cuando se alejaba de ellos y se les
escondía momentáneamente, por ejemplo, para que así sientan
grandemente la diferencia de su presencia santísima y de su ausencia
insoportable también para sus cuerpos y espíritus humanos, por
ejemplo. Es decir, de sentir cerca al Señor Jesucristo y luego
sentirlo lejos, pues entonces se siente profundamente el vacío que
deja, como la gran diferencia de la ausencia de luz entre las
tinieblas del mundo pecador en donde vivían en aquellos días, por
ejemplo, desamparados por sus idiosincrasias dogmáticas y vulnerables
infinitamente juntamente a las mentiras usuales de Satanás.

Ciertamente que nuestro Señor Jesucristo era la luz de sus vidas y, a
la vez, el pan del cielo para satisfacer el hambre de sus cuerpos y
espíritus humanos cada día, así pues como lo había hecho
antiguamen
te
con ellos mismos, los hebreos, en el desierto camino a la tierra
prometida para poseerla para siempre, como Dios manda. Verdaderamente,
la luz que los antiguos estaban viendo en aquellos días en el Hijo de
David era, en si, la misma luz que vieron sus antepasados camino por
el desierto para entrar a la tierra prometida de Israel; es más,
Jesucristo siempre fue luz de día y luz de noche para ellos, para que
sus enemigos se alejaran de sus caminos siempre.

Entonces muchos de los hebreos y gentiles se daban cuenta de que sin
el Señor Jesucristo, pues no podían vivir más sus vidas normales; es
decir, que el Espíritu Santo se apartaba de ellos, porque donde no
está el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo, en fin el
Espíritu de
l
SEÑOR no puede estar entre ellos tampoco, ni por un instante más.
Efectivamente, el Espíritu de Dios no se mancha de pecado si el
Espíritu de nuestro Señor Jesucristo está instalado en su lugar
correcto en el corazón del hombre, de la mujer, del niño y de la niña
de todas las familias de las naciones; visto que, “la santidad de
Jesucristo protege” al Espíritu Santo en la vida del hombre, siempre.

Realmente, esto sucede en la vida del hombre, así como sucedió en la
vida angelical de Adán y Eva y hasta de los ángeles también, porque
sin el Espíritu del Señor Jesucristo en el corazón del ser creado
entonces no hay santidad alguna ni menos luz, por eso, el Espíritu
Santo se aparta de sus vidas momentáneamente por razones de seguridad
espiritual. Es decir, que cuando el Señor Jesucristo regresa al
corazón del ser creado sea hombre o ángel del cielo, entonces el
Espíritu Santo libremente regresa también a esa vida o a esas vidas,
para seguir impartiendo de sus muchas y gloriosas bendiciones
sobrenaturales; porque para vivir en el cielo o en la tierra todos
necesitamos poderes sobrenaturales, para sobrevivir muchos males
continuamente.

Es por eso que estamos llamados de nuestro Padre celestial
inicialmente ha invocar al Señor Jesucristo con nuestros labios,
siempre creyendo en nuestros corazones de su presencia gloriosa y muy
santa, para que entonces el Espíritu Santo de Dios con sus muchos
dones espirituales comience a obrar libremente de toda mancha de
pecado en nuestras vidas de cada día. Porque son los dones del
Espíritu de Dios, los cuales comenzaron a descender hacia nuestras
vidas en el principio de la creación de las cosas, como desde génesis
1:2, por ejemplo, para subyugar a cada una de las tinieblas de Satanás
entre todos nosotros, y sin la santidad de Jesucristo entonces el
Espíritu de Dios no obra en nuestras vidas jamás.

Por eso, nuestro Padre celestial lleva a Adán y a Eva a los pies del
Árbol de la vida, para que coman de su fruto y beban de su agua, para
que estén siempre protegidos de muchos males terribles, como la
aparición de Lucifer con sus mentiras, para que no caigan en sus
trampas mortales o aún peores del más allá. Y así cada uno de
ellos
y
sus retoños también puedan entonces automáticamente comenzar a recibi
r
de los dones sobrenaturales del Espíritu Santo de Dios en sus vidas,
para que no sólo los bendiga constantemente, porque nosotros tenemos
que ser bendecidos constantemente por el Espíritu Santo de Dios, y así
también nos guíe cada día a toda verdad bendita.

Pues lo mismo es verdad en toda la tierra, nadie tiene que decirle
esto a nadie, porque la historia de la misma tierra lo revela así, por
ejemplo; muchos sufren males terribles una y otra vez y hasta que
finalmente regresan al polvo de la tierra, de donde salieron
inicialmente por las manos de Dios, en el día de su creación. Es
decir, que el hombre y la mujer siguen sufriendo, así como Adán y Eva
sufrieron inicialmente las mentiras de Satanás y de la serpiente
antigua del Edén, porque no conocen la luz de Jesucristo en sus vidas,
la cual vendría a ellos con toda verdad, en un momento de fe y de
oración, si tan sólo invocasen su nombre eternal.

Porque la verdad es que está en la invocación del nombre del Señor
Jesucristo, cuando nosotros no sólo comenzamos a ser luz de Dios, sino
que el mismo Espíritu Santo que comenzó a descender en los primeros
días de la creación del cielo y de la tierra, pues entonces podrá
también comenzar a bendecir su vida humana con sus dones
sobrenaturales. Es por eso que es muy bueno que el Señor Jesucristo
sea nuestro Señor y Salvador de nuestras vidas cada día, porque su
presencia, su santidad, su gran amor y misericordia infinita actúan en
cada uno de nosotros con gran poder para que el Espíritu Santo de Dios
y sus muchos dones sobrenaturales comiencen a llenar nuestras vidas de
glorias infinitas.

Además, éstas glorias de nuestro Señor Jesucristo y de su
Espíritu
Santo, por ejemplo, son los mismos milagros, maravillas y señales
increíbles del cielo, como las que se manifestaron en Egipto para
liberar a los hebreos, o como las que se manifestaron por el desierto
camino a la tierra prometida para bien de nuestras vidas y de todos
los demás también. Entonces nuestro Señor Jesucristo entre los
gentiles y los hebreos, les manifestaba todos los poderes que existen
en su nombre santo, con tan sólo invocarlo con sus labios; porque todo
lo que él hacia con el nombre de nuestro Padre celestial, pues les
decía a sus discípulos y demás de que ellos podían hacer lo
mismo y
aún mayores cosas también. Nuestro Padre celestial envía a su Hijo
amado a Israel no sólo para hacerlos hijos de luz sino también para
rebosarlos, llenarlos, saturarlos de milagros, maravillas y señales
sobrenaturales, para que las naciones también sean benditas cada día y
por siempre en la eternidad y así Satanás no destruya sus vidas nunca.

Es decir, que cuando Jesucristo estaba entre las multitudes, entonces
les decía todos estos milagros y maravillas que ustedes ven, en
verdad, son para ustedes y más no para mí ni para los ángeles del
cielo; crean entonces para que no anden en las tinieblas sino en la
luz; y después de hablarles y manifestarles sus poderes se apartaba de
ellos momentáneamente. Para que ellos mismos, hebreos y gentiles, pues
se vean en sus propias tinieblas y así poder distinguir la luz que
salía de él, como el Hijo de David, como el Cordero Escogido, como el
sumo sacerdote, por ejemplo, para ministrar para ellos mismos luz y
para los suyos también en esos días y para futuras generaciones
venideras. Porque todo lo que nuestro Padre celestial hacia con
Jesucristo entre las multitudes era para futuras generaciones, como
para la nueva eternidad de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del
cielo, por ejemplo, llena de vida y de salud para los que le aman en
el espíritu y en la verdad de su Árbol de la vida, ¡el Hijo de David!

Por cierto, ésta era una manera especial de predicarles también, ya
que con milagros, de los cuales nuestro Señor Jesucristo produjo
muchos de ellos delante de sus ojos, pues ni, aún así, le creían, com
o
el Hijo de Dios o como el Cordero Escogido de la sangre santísima para
el perdón y para la salvación de sus almas infinitas, por ejemplo.
Verdaderamente, sus corazones estaban grandemente hundidos entre las
profundas tinieblas de Satanás para cegar sus vidas cada vez más y as
í
no puedan ver la luz, la cual había sido enviada por nuestro Padre
celestial a Israel, para que el mundo entero la conozca en aquellos
días y por siempre en la eternidad también.

Porque ésta luz salvadora es esencial para el corazón y para el alma
viviente del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de la
humanidad entera, para que las tinieblas dejen de invadir sus
corazones y sus vidas de cada día y en todos los lugares de la tierra,
y así sólo la luz reine en sus vidas infinitamente. Porque ésta luz e
s
la promesa antigua e infinita de vida y de salud eterna, la cual
nuestro Padre celestial le había prometido inicialmente a Abraham por
medio de su hijo Isaac, para posteriormente bendecir no sólo a Jacob
(Israel) como toda una gran nación especial, sino también a las
familias de las naciones del mundo entero.

Y es por eso que el espíritu de la predicación del evangelio eterno de
la sangre bendita y resucitada en el tercer día viene a ti cada día y
sin cesar, así como vino a Abraham, a Isaac a Jacob y a cada hombre,
mujer, niño y niña de las naciones de la antigüedad. Para que sean
cada uno de ellos, en sus millares, perdonado de sus pecados y poder
así entonces vivir su vida eterna desde la tierra y hasta por fin
entrar a La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo, por ejemplo,
en el día señalado por nuestro Padre celestial y por su Espíritu Sant
o
para este gran evento divino.

Y es precisamente esta bendición de vida y de luz, la cual está
tocando día y noche la puerta de nuestros corazones, para que ya no
durmamos más en las tinieblas de las mentiras de Satanás, sino para
que despertemos en la luz del nuevo día infinito de Jesucristo, ¡el
Santo de Israel y de La Nueva Jerusalén Colosal del cielo! Porque el
que anda en tinieblas sea hombre o mujer, hebreo o gentil, sino tiene
el Espíritu de luz de nuestro Señor Jesucristo instalado en su
corazón, pues no sólo no podrá vez jamás a su Dios y Fundador
de su
vida, sino que jamás podrá ver La Nueva Jerusalén del cielo, para
seguir viviendo su vida normal en la eternidad.

Es decir, también que el que camina sin Jesucristo ya esta muerto,
porque anda en las tinieblas de Satanás, y Satanás es muerte para
ángeles y para hombres en toda la creación de Dios. Ciertamente que el
Señor Jesucristo es lo mejor que le haya pasado a la tierra y a la
humanidad entera, desde su manifestación gloriosa en Israel, para no
sólo borrar nuestros pecados sino también para llenarnos de
bendiciones sin fin de salud y de riquezas inescrutables,
enriqueciendo así nuestros corazones y nuestras almas vivientes cada
día y en la eternidad igual.

Y ésta luz, la cual descendió de nuestro Padre celestial no se apagara
jamás, porque no hay poder alguno en el cielo ni en la tierra ni
debajo de las aguas de la tierra para apagarla, en el corazón del
hombre, de la mujer, del niño y de la niña de buena fe y de buena
voluntad de todas las naciones. Además, ésta luz de nuestro Señor
Jesucristo es la luz única, la que puede alumbrar nuestras tinieblas,
para que así las tinieblas se apaguen para siempre de nuestras vidas,
para no sufrir más los males terribles de Satanás y de sus mentiras de
siempre; es por eso que Jesucristo es sólo vida y bendiciones sin fin
cada día, para todos nosotros.

Es más, el Señor Jesucristo para nosotros es bendición sublime,
así
como siempre lo ha sido para nuestro Padre celestial y para su
Espíritu Santo desde la antigüedad y hasta más allá de la nueva
glo
ria
venidera del nuevo reino celestial, sin duda; nuestro Señor Jesucristo
es mucho mayor de lo que pensamos de él cada día en nuestras vidas. Es
por eso que el Señor Jesucristo es muy importante en nuestro diario
vivir en la tierra, así como siempre lo será en la nueva eternidad
celestial de nuestro Padre celestial y de su nueva humanidad infinita
de todas las familias de las naciones del mundo entero, sin duda
alguna.

Entonces cuando el Señor Jesucristo entra en nuestras vidas, Satanás y
sus tinieblas ya no tienen poder alguno en nosotros; con Jesucristo
somos libres de Satanás y de sus mentiras crueles e infames del
infierno; somos luz y libres para seguir viviendo nuestras vidas
celestiales para nuestro Padre celestial, así como los ángeles viven
con Él infinitamente en su luz, por ejemplo. Porque la verdad es que
el corazón del hombre está lleno de las mentiras de Satanás, en vez,
de estar lleno de la palabra de verdad, amor, luz y justicia celestial
de parte de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, para
entonces poder ver cada una de las bendiciones gloriosas del cielo y
no perder ninguna de ellas jamás.

Por lo tanto, la verdad de nuestro Padre celestial y de su Hijo amado,
el Hijo de David, viviendo ya en nuestros corazones es muy saludable
para nuestros cuerpos y espíritus humanos, y sólo entonces somos
felices y bendecidos grandemente como retoños de Dios cada día y cada
noche y para siempre en la nueva era venidera del nuevo reino
sempiterno. Con Jesucristo ya viviendo en nuestros corazones, en
verdad somos la felicidad sin igual del corazón santísimo de nuestro
Padre celestial y de sus huestes angelicales, para llenar de alegría y
de luz toda la tierra y todos los cielos del reino de los ángeles del
más allá, por ejemplo, hoy en día y por siempre en la eternidad
venidera también.

Positivamente, el tener al Señor Jesucristo en nuestras vidas
habitualmente por medio del espíritu de fe, de su palabra y de su
nombre eternal, entonces no solamente somos llenos de luz y felices
juntamente con Él, sino que también nuestro Padre celestial nos ve
como ángeles gloriosos o como su mismo Jesucristo, es decir, como un
hijo más del cielo. Además, estas son bendiciones infinitas, de las
cuales nuestro Señor Jesucristo nos la ha entregado ya a cada uno de
nosotros por los poderes sobrenaturales de su nombre exaltado por
ángeles, para disfrutarlas grandemente cada una de ellas en nuestros
corazones y en nuestro diario vivir por la tierra, para gloria y para
honra del nombre santo de nuestro Padre celestial.

Y son estas bendiciones sin fin, llenas de luz y de paz, con mucho
amor y ricas prosperidades infinitas, las que vienen a ti hoy en día y
como siempre para llenar tu corazón de fulgor celestial, para que las
tinieblas de Satanás ya no te hagan más infernal sino humano para
nuestro Padre celestial y para su nuevo reino sempiterno. Es decir,
que Satanás no solamente te hace tiniebla en el paraíso y en la
tierra, sino también debajo de la tierra o en el infierno; pero
nuestro Señor Jesucristo te perdona, como Dios manda, y te hace luz
para brillar mucho más que el sol hoy en día en la tierra y para
siempre en el paraíso.

Ciertamente, nuestro Señor Jesucristo es la luz que brilla en todo tu
ser en la tierra y así también infinitamente en la nueva eternidad
venidera del nuevo reino celestial, La Nueva Jerusalén Colosal del
cielo, por ejemplo; y él que no conoce su luz, para nuestro Padre
celestial, desdichadamente, está muerto en el infierno ya, aunque viva
en la tierra aún. Porque éste es el poder de nuestro Padre celestial
en la vida de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera,
que sus vidas sean convertidas de tinieblas a la luz de Dios y de su
Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo!, para brillar mucho más que la
s
estrellas de la inmensidad celestial, por los siglos de los siglos.

Y si Jesucristo entrase en tu corazón hoy mismo, por ejemplo, entonces
tus tinieblas saldrían de ti para jamás volver, y así la luz de
nuestro Padre celestial y de sus ángeles moraría en ti, como debió se
r
así inicialmente para la eternidad celestial; seriamente, serias tan
feliz como los ángeles, porque sólo Jesucristo es la verdadera
felicidad de tu alma. Tu corazón conoce a Jesucristo perfectamente y
tu alma también, ya que ambos salieron de él; entonces el pecado de
las mentiras es el que te ciega y no te deja ver esta gran verdad
espiritual de cada día por la tierra y en el más allá igual, como
sucedió con Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo.

Es decir, que nuestro Señor Jesucristo no solamente es la luz de
nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, sino que también él e
s
la felicidad eterna de sus corazones gloriosos; es por eso que nuestro
Padre celestial quería que Adán conociese a Jesucristo en el paraíso,
porque Jesucristo no es extraño para él ni para los suyos tampoco
jamás. Porque la verdad es que nuestro Padre celestial nos crea en sus
manos santas, en el día de la creación de cada uno de nosotros,
empezando con Adán, para que seamos luz y más no tinieblas, tinieblas
como sucede hoy mismo tristemente en muchos lugares de la tierra, por
culpa de las mentiras que primeramente creyeron Eva y Adán en sus
corazones.

Presentemente, son las mentiras de Satanás las que nos hacen
tinieblas, las que nos enferman de muchas cosas malas cada día o nos
meten en algún problema; pero es la verdad de nuestro Padre celestial
hacia su Jesucristo la que nos hace luz y las que nos bendicen con
tantas bendiciones y maravillas invisibles a todos nosotros, en toda
la tierra. Entonces son estas tinieblas de las palabras mentirosas de
Satanás en contra de Dios y de su fruto de vida eterna, las que hacen
a cada hombre, mujer, niño y niña del mundo entero tinieblas/
incrédulos delante de Dios y de su Hijo amado, ¡nuestro Señor
Jesucristo!, y muchos si no todos, no lo saben, ni lo ven así nunca
fatalmente.

Pero si estas mismas personas, sin hacer excepción de ninguna de ellas
jamás, comienza a creer en su corazón y a confesar el nombre bendito
de nuestro Señor Jesucristo, entonces estarán hablando luz y verdad
para cumplir toda justicia eterna en el cielo y en la tierra también,
delante de nuestro Padre celestial y de sus huestes angelicales.
Porque el confesar el Espíritu glorioso del nombre eterno de nuestro
Señor Jesucristo, entonces el corazón y la vida del hombre y de la
mujer igual se alegran grandemente como sintiendo vida eterna ya,
porque sus almas se llenan de luz para hacer desaparecer a Satanás
como en un humo fuliginoso y así sus terribles tinieblas también de
sus vidas humanas.

Es por eso que la verdad de nuestro Señor Jesucristo es muy importante
en nuestras vidas, ya sea que seamos hombres, mujeres, niños o niñas
de todas las familias de las naciones de la tierra, empezando con la
Casa de Israel, por ejemplo, para no sólo alegrar nuestras vidas sino
también las de los ángeles del cielo. Porque nuestro Padre celestial
se alegra grandemente con los ángeles del cielo, cuando un pecador o
una pecadora se convierte de su vida de mentiras y tinieblas, a la
vida de verdad, salud, paz y luz del Árbol de la vida, ¡nuestro Señor
Jesucristo!, tal como Adán debió hacerlo así en su día en el
para
íso,
únicamente comiendo del fruto vivo.

Porque es el comer del evangelio eterno del paraíso, el Árbol de la
vida, nuestro Señor Jesucristo, lo que le da vida y salud al hombre, a
la mujer, al niño y a la niña de todas las familias de la humanidad
entera, para que sean por siempre luz; y, hoy, “ésta es la riqueza de
todo hombre”, ¡comer/ingerir de Jesucristo siempre! Visto que, éste
evangelio de la verdad y de la justicia infinita de nuestro Padre
celestial y de su Gran Rey Mesías es para ellos principalmente, para
que alcancen la luz de la salud y vida eterna en la tierra y en el
paraíso también, como para entrar desde ya a La Nueva Jerusalén Santa
y Gloriosa del cielo, por ejemplo.

Es decir, que nuestro Padre celestial desea poner a Adán y así tambié
n
a cada uno de sus retoños a vivir su nueva vida infinita no tanto del
reino angelical sino de La Nueva Jerusalén Colosal del cielo, pero
Satanás se interpuso abaldonadamente con sus mentiras para que esto
jamás sucediese con Adán ni con ninguno de sus descendientes. Porque
la nueva vida de nuestro Padre celestial para con el hombre, la mujer,
el niño y la niña de la humanidad entera, no empezó con Adán,
como
muchos piensan, sino con el Árbol de la vida eterna, ¡nuestro Señor
Jesucristo!; es decir, que cada uno de nosotros es eterno, como la
misma luz de la vida eterna, ¡nuestro Mesías Jesucristo!

Y Satanás no quiso nunca que nuestro Señor Jesucristo reinara “como e
l
Mesías” del cielo, ni menos en el paraíso o en la tierra, sino sólo
él
con sus mentiras y tinieblas de siempre para mal eterno de muchos,
sean ángeles caídos u hombres y mujeres del mundo, sin el conocimiento
fundamental de Jesucristo, ¡la única luz de sus vidas reales! Porque
sólo en el Señor Jesucristo está nuestra nueva vida infinita del
paraíso, llena del Espíritu Santo de Dios y de sus muchas y gloriosas
bendiciones de paz, amor, gozo, felicidad, santidad, poder, sabiduría
y todas las demás ricas fortunas de luz y de salud del nuevo reino
celestial de nuestro Padre celestial y de su Hijo amado, ¡Jesucristo!

Nuestro Señor Jesucristo es todo para cada uno de nosotros, sólo Él e
s
mucho mejor que la vida angelical y humana juntas; en verdad, nuestro
Señor Jesucristo es mucho más que todo en nuestras vidas, en el
paraíso, en la tierra y así también será por siempre en la
nueva vi
da
infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo. Nuestro
Señor Jesucristo es el Hijo de David, el prometido de Dios a los
antiguos, como a Abraham, Isaac, Jacob y muchos patriarcas de Israel,
para salvación y bendición infinita por los poderes sobrenaturales de
su sangre santísima, resucitada en el tercer día de la nueva creación
de Dios; sólo Jesucristo en nuestros corazones es luz hoy y para la
eternidad igual.

Es por eso que nuestro Padre celestial llama día y noche al hombre y a
la mujer, al niño y a la niña de todas las familias de las naciones a
que sean transformados en luz, en un momento de fe y de oración, en
vez de seguir viviendo la vida pobre y de tinieblas de Satanás en toda
la tierra. Para que así ya no sean desheredados y llenos de
enfermedades y de males del más allá, sino “llenos de luz”, para go
zar
la vida santa del cielo así como los ángeles la gozan cada día al
comer y beber del fruto del Árbol de la vida, el Hijo de David,
¡nuestro Gran Rey Mesías!

Porque la vida pecadora de Satanás, la cual está llena de las
tinieblas que perturban nuestras vidas, lleva al hombre y a la mujer
cada día y cada noche hacia la destrucción total de su corazón y de s
u
alma infinita en el fuego eterno del infierno, para jamás volver a
conocer la luz de Jesucristo en sus días eternos. Y éste es un mal,
por el cual nuestro Padre celestial jamás deseo ver a los ángeles del
cielo, ni menos a los hombres, creados en su imagen y conforme su
semejanza celestial, sufrir o morir, sino todo lo contrario; nuestro
Dios sólo desea vida para el hombre cada día en la tierra y así
también en el nuevo reino angelical.

El infierno es para Satanás y el ángel de la muerte, como para los que
caminan sin Jesucristo y en las mismas tinieblas de siempre, como en
las que fueron formados en el vientre de sus madres biológicas; pero
el paraíso es para los que aman la luz de amar en espíritu y en verdad
a nuestro Creador, por medio de Jesucristo. Realmente, lo que los
ángeles verdaderamente siempre conocieron, desde el día de su creació
n
en la eternidad, ha sido el Espíritu del nombre glorioso y sumamente
santo de nuestro Señor Jesucristo, para vivir sólo en la luz
celestial, la cual con lleva sus corazones y sus espíritus celestes
diariamente hacia nuevas glorias de honras de servicio eterno a
nuestro Padre celestial.

Fue por esta razón que cuando Lucifer se acerca a los ángeles, para
hacerles creer que él podía exaltar su nombre creado mucho más alto
que el nombre eternal del Hijo de Dios, el Árbol de la vida, nuestro
Señor Jesucristo, el cual jamás ha sido creado sino que ha existido
perpetuamente, entonces lo rechazaron tajantemente, para seguir
viviendo en luz. Es decir, también que los ángeles conocen una sola
luz santa y sumamente gloriosa, y ésta luz es la del Árbol de la vida
eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo!, la cual lucha día y noche para
entrar en tu corazón y quedarse contigo para siempre, para que seas
por fin hijo de luz.

Además, cualquier otra luz que se interponga ante la luz de Jesucristo
en el corazón de los ángeles, como Lucifer, por ejemplo, o de los
hombres, mujeres, niños y niñas de toda la tierra, comenzando con Adá
n
y Eva en el paraíso, entonces es tiniebla, para mal eterno de sus
corazones y de sus vidas celestes y terrenales. Y desde el día en que
Adán y Eva pecaron delante de nuestro Padre celestial y de su Espíritu
Santo, al comer del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y
del mal, en vez de comer del Árbol de la vida, el Hijo de David,
nuestro Jesucristo, pues entonces todos están viviendo en tinieblas,
menos Jesucristo, por supuesto.

En la medida en que, sólo nuestro Señor Jesucristo es la luz que no se
apaga jamás, para libertar del poder del pecado y sanar el corazón, el
cuerpo, el alma y el espíritu humano de cada hombre, mujer, niño y
niña de la humanidad entera, para gloria y para honra infinita de
nuestro Padre celestial que está en los cielos. Por eso nuestro Señor
Jesucristo, cuando estaba predicando su palabra santa y muy antigua de
parte de nuestro Padre celestial, por cierto, se levantaba entre las
multitudes de Israel, judíos y gentiles a la vez, y les decía
abiertamente y en voz alta: Cuídense. Mientras la luz esté con
ustedes, permanezcan en él, para que sean hechos hijos de luz.

Y muchos eran sanados al instante de sus males terribles, de las
cuales no había curas o medicinas para sanarlos; aquí ellos creían y
se sanaban y aún hasta sus familiares que vivían lejos de donde se
encontraban, pues también eran sanados milagrosamente, porque la
bendición de Dios toca a todos, cuando toca a una persona fiel a su
nombre eternal. Es por eso que es bueno asistir a la congregación del
SEÑOR, para alabar y honrar su nombre eterno entre los fieles y
ángeles del cielo, para que sean sanados milagrosamente de muchos
males de Satanás y de sus ángeles caídos y así también
sus famili
ares,
sean que estén en casa o en tierra lejanas, nuestro Padre celestial
los bendice igual.

Es decir, que ha sido nuestro Señor Jesucristo quien quiso hacer de
Adán y Eva luz en el paraíso para la eternidad y así también
en tod
a
la tierra con cada uno de sus hijos e hijas, por ejemplo, para que
Satanás desaparezca por completo de cada vida humana del hombre de
toda la tierra. Por lo tanto, hoy en día, nuestro Señor Jesucristo,
como el Árbol de la vida eterna, desea hacer luz también la vida de
cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera; y esto es
gloria y honra para nuestro Padre celestial en la tierra para la
eternidad, aún no alcanzada por los ángeles del cielo.

Y las gentes le oían perfectamente lo que les estaba enseñando, en el
poder sobrenatural del Espíritu de su palabra y de su nombre muy
santo, por ejemplo, para que su manera de ser cambie de tinieblas a
luz, para que sean felices y llenos de gloria para el nombre muy santo
de nuestro Padre celestial que está en los cielos. Nuestro Padre
celestial quien realmente está esperando por cada uno de nosotros a
que regrese al paraíso, para que vuelva a sentir junto con Él “el
calor eterno” de amor, paz, gloria y la felicidad santísima de
conocerle sólo a él, como su Dios y Creador de su nueva vida infinita
del nuevo reino de los cielos, por ejemplo.

Porque nuestra verdadera familia es nuestro Padre celestial quien nos
forma en su corazón santo y luego nos entrego de su imagen y de su
semejanza sin escatimar nada de él ni de su mismo Espíritu Santo, para
que vivamos juntos con él por siempre y jamás nos separemos de él,
porque «sólo él es nuestro verdadero Padre y amor eterno».
Entonces
todo aquel que anda en el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo, el
cual es el Espíritu Eterno del Árbol de la vida y de la salud infinita
de hombres y de ángeles, habitualmente vive bendiciones sin fin,
llenas de milagros y de maravillas sobrenaturales para bendecir
grandemente su corazón y el corazón de los suyos también, ya sean
familiares o amistades.

Porque la verdad es que las bendiciones de la vida del hombre, de la
mujer, del niño y de la niña de todas las naciones descienden del
cielo, sólo por medio del Árbol de la vida, como el maná del desierto
para alimentar a los hebreos, por ejemplo, así pues también hoy mismo
con nosotros, pero con mayores bendiciones que antes. Y estas
bendiciones de nuestro Padre celestial están llenas de milagros,
maravillas y de prodigios sin fin, las cuales tocan nuestras vidas con
gran poder sobrenatural para perdonarnos pecados, sanarnos de males
terribles, libertarnos del mal de Satanás y así llenarnos también con
poderes gloriosos de prosperidades increíbles, como de las que si
vemos y de las que no (vemos), por ejemplo.

Porque nuestro Padre celestial junto con su Espíritu Santo y sus
huestes angelicales, por amor a su Hijo amado y su sangre santísima,
actúa a favor nuestro cada día en nuestras vidas, para limpiarnos de
las manchas terribles de las tinieblas y sólo así entonces llenarnos
de luz. Y ésta es la luz de la felicidad angelical del corazón y del
alma del hombre, de la mujer, del niño y de la niña, como con Adán y
Eva en el paraíso, por ejemplo, la cual no se compra con dinero, sino
sólo con amor a nuestro Padre celestial, en el espíritu y en la verdad
sobrenatural de su Hijo Jesucristo.

Es decir, que con el sólo hecho de que hayas creído en tu corazón y
así confesado en oración el hombre santísimo de nuestro Señor
Jesucristo, como tu salvador personal, como el Hijo de Dios, como el
sumo sacerdote y Árbol de la vida de tu corazón y de la vida de los
tuyos también, entonces “vivirás por siempre”. Vivirás cada
día
de tu
vida lleno de milagros y de maravillas increíbles, maravillas llenas
de bendiciones infinitas, de las cuales comenzaran a manifestarse en
tu vida desde ya, para hacer grandezas y proezas jamás pensadas por
ti, porque nuestro Padre celestial te crea inicialmente para que te
goces en sus muchos milagros gloriosos de su Jesucristo y de su
Espíritu Santo.

Para nuestro Padre celestial tú eres digno de recibir sus bendiciones
cada día, llenas de milagros, maravillas y de señales sobrenaturales,
por amor al Espíritu de la sangre “resucitada a la nueva vida eterna”
de nuestro Señor Jesucristo y de su Espíritu Santo; es por eso que
Satanás te envidia como siempre envidio a Jesucristo y a sus ángeles
fieles. Ciertamente que con el Señor Jesucristo viviendo en tu
corazón, como tu único y suficiente salvador, entonces él mismo ser
á
tu Árbol de la vida, como lo intento ser para Adán y Eva en el
paraíso, por ejemplo, para bien eterno de su vida y la de los suyos
también, como hoy mismo contigo y con todo tu hogar.

El hogar del hombre, en donde Jesucristo reina como el Hijo de Dios,
como el Cordero Escogido, como el sumo pontífice de su alma delante de
Dios y de su Espíritu Santo, entonces es ricamente bendecido cada día,
y la felicidad abundara por siempre en su vida y en la de los suyos
aún más allá de la nueva eternidad celestial. En verdad, nuestro Padr
e
celestial te ama grandemente, y te lo ha demostrado por medio de su
Hijo Jesucristo, sin jamás escatimar nada de él, para llenar tu vida
de perdón de tus pecados, santidades sobrenaturales y bendiciones sin
fin, para que jamás te falte ningún bien a ti ni a los tuyos, sean
familiares o tan sólo amistades, por ejemplo. Nuestro Padre celestial
es grandemente bueno con todos y muy bondadoso también a la vez con
las naciones, empezando con Israel, por ejemplo, y sólo cuando a
través de las oraciones, pues, besamos y amamos de verdad y de todo
corazón en su Espíritu Santo a su Hijo amado, ¡nuestro Señor
Jesucristo!

Si, nuestro Señor Jesucristo es luz, para que veas las riquezas de tu
Padre celestial en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos
también, porque así como él te ama a ti grandemente, pues
también a
ma
del mismo modo a los tuyos, ¡gracias a la sangre resucitada en el
tercer día de su Hijo Jesucristo! Porque la verdad es que todo aquel
que no ha recibido al Señor Jesucristo como su único Cordero Escogido
o como su sumo sacerdote, entonces permanece aún en tinieblas y no en
luz, por lo tanto, su árbol de cada día de su vida es el árbol de la
ciencia del bien y del mal, ¡el fruto prohibido!

Y es por eso que nuestro Padre celestial está enojado cada día con el
impío, porque su fruto en su vida del día no es su Hijo Jesucristo,
sino Satanás, ¡el fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y
del mal! De hecho, esto es muerte para ti y para los tuyos, es decir,
que el ángel de la muerte toca la puerta de tu casa frecuentemente
para llevarte a ti o a alguno de los tuyos al abismo, el infierno;
pero Jesucristo es diferente, pues él viene a ti con mucha vida eterna
para entregártela gratuitamente, si sólo le amaras a él.

Ahora, el que come del fruto prohibido como Eva y luego como Adán
también gustó, en vez de gustar del Árbol de la vida, nuestro
Señor
Jesucristo, entonces peca igual también como ellos mismos pecaron
celestialmente, como si estuvieran ya viviendo en el paraíso, para mal
de sus vidas y la de los suyos, en todos los lugares de la tierra.
Porque los que nacen de Adán, en verdad nacen en el espíritu rebelde
del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal, para
mal de sus vidas y de los suyos también; es por eso que el hombre vive
lejos de su vida normal del paraíso, porque no ha nacido en
Jesucristo, como Dios manda, originariamente.

Pero los que vuelven a nacer del Espíritu Santo del nombre glorioso
del Hijo de David, nuestro Señor Jesucristo, entonces vuelve a nacer
del SEÑOR, creador del cielo y de la tierra, y de su Espíritu Santo
también, para volver no sólo a vivir su vida celestial del paraíso,
sino también en La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo. En La
Nueva Jerusalén de Dios y del Hijo de David, el Gran Rey Mesías de
todos los tiempos, en donde todo es luz y nada de tinieblas para
siempre para el corazón y para la nueva vida infinita de cada hombre,
mujer, niño y niña de la humanidad entera.

En ésta nueva vida eterna del cielo, Satanás ya no tiene acceso a
ella, como la tuvo en el paraíso o la tiene actualmente en la tierra,
por ejemplo. Ni Satanás podrá jamás volver a usar sus mentiras ni sus
tinieblas de siempre para engañar a la mujer y al hombre de toda la
tierra, como lo hizo con Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo, para
mal de tu vida o para mal de todos los tuyos, excepto nuestro Señor
Jesucristo, evidentemente.

Satanás está apagado con el Señor Jesucristo viendo en tu
corazón,
porque sólo él es la luz de tu vida; su luz es la que te hace hijo de
luz para nuestro Padre celestial y para sus huestes angelicales de la
nueva vida eterna de La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo.
Eres hijo de luz y no tinieblas, desde el día de tu creación en el
cielo; eres el gozo eterno del corazón santísimo de nuestro Padre
celestial, de donde saliste para hacerlo feliz infinitamente a él y a
sus huestes angelicales, gracias al amor y a la gracia eterna de
Jesucristo. ¡Amén!

El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo
es contigo.


¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el
nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras
almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y
honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el
cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo
amado, nuestro Señor Jesucristo.

LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche,
(Deuteronomio 27: 15-26):

“‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de
fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley
perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!’
Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y
todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su
prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el puebl
o
dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y
de
la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque
descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!
’

“‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y t
odo
el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija
de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dir
á:
‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su
semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa
alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’

“‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas
por
obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Am
én!’

LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la
verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la
omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad
perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto
tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de
pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine,
cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos
con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre
las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a
la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está
aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo.
Cree
en
Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas lo
s
males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible
de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en
la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo
reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en
día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus
ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada
hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada
palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición
terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada
majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con
todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y
de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su
Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de la
s
naciones!

SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu
corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la
tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde
los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del
reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”.

SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo
que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas
debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás
culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la
maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la
cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios,
porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”.

CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo
.
Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo
día se
rá
sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna,
ni t
ú, ni
tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el
forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová
hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día
del sáb
ado y
lo santificó”.

QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días
se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”.

SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”.

SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”.

OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”.

NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu
prójimo”.

DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no
codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su
buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”.

Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos
estos
males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos,
también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de
Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos
desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú
no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los
tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días
de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy.
Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que
sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada
una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos
juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia
santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras
almas:

ORACIÓN DEL PERDÓN

Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de
tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la
tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el
poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial
también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y
la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”.
Juan 14:

NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR.

¡CONFÍA EN JESÚS HOY!

MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE.

YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS
TUYOS, EN EL DÍA DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y
su MUERTE.

Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete):

Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer
día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu
vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA.

QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O
¿QUÉ DECIRL
E AL
SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un
pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su
SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi
pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi
SALVADOR.

¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador?  ¿Sí _____?  O
¿No _____?

¿Fecha? ¿Sí ____?  O ¿No _____?

Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una
nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios,
orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en E
l
ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en
un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema
autoridad. Habla de Cristo a los demás.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros
cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de
Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su
palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en
gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata
a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con
frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para
que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que
te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así
comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de
Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque
ésta
es
la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la
tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras
almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan
tranquilos los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y
tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y
de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por ca
usa
de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra:
imploraré por tu bien, por siempre.

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de
Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo qu
e
respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso
!
Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de
todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor
al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y
como siempre, para la eternidad.


http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?playertype=wm%20
%20///


http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx


http://radioalerta.com



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